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Las educadoras acusan escasez de contratos permanentes y remuneraciones insuficientes, mientras las autoridades sostienen que existe un déficit de profesionales y destacan medidas para fortalecer la carrera docente.

Un complejo escenario laboral enfrentan las educadoras de párvulos en la Región de Coquimbo, marcado —según relatan— por la escasez de contratos estables y remuneraciones que no se condicen con su formación profesional.

Consultadas por El Día, diversas parvularias coincidieron en que las oportunidades laborales han disminuido considerablemente en los últimos años, predominando reemplazos o contratos a plazo fijo sin posibilidades reales de proyección. La situación, señalan, dificulta la estabilidad económica y limita el desarrollo profesional.

Las profesionales agregan que la mayoría de los avisos disponibles no contempla continuidad laboral. A ello se suma la inconformidad con las rentas ofrecidas tanto en establecimientos públicos como privados, las que —afirman— no reflejan el nivel de preparación, responsabilidad y experiencia que exige la labor educativa en primera infancia.

María Paz Figueroa, educadora de párvulos, asegura llevar cinco años buscando estabilidad laboral. “He hecho reemplazos, he tenido opciones breves, pero nada estable”, comenta.

La profesional relata que ha postulado reiteradamente a colegios y jardines públicos y privados. “He ido por lo menos tres veces al año al SLEP y lo que más me asombra es que no hay respuestas. Ni siquiera confirman que recibieron el currículum”, afirma.

Una experiencia similar comparte Sofía Zamora, educadora con mención en expresión artística, quien pasó un año completo buscando empleo en la región.
“Es bastante frustrante. Desde la corporación nunca tuve respuestas y he trabajado solo de reemplazos durante estos años”, explica.